Yoichi. Destino Gastronómico
Yoichi es un pequeño pueblo costero a poco más de una hora de Sapporo, que no destaca por monumentos ni grandes atracciones sino por algo mucho más difícil de conseguir: una identidad gastronómica propia construida sobre el entorno. Está abierto al mar, con temperaturas frescas, brumas frecuentes y una estacionalidad muy marcada. Ese equilibrio entre el frío, la humedad y el aire limpio es lo que explica todo lo que viene después.
Aquí, el clima no es un obstáculo. Es el punto de partida.
A principios del siglo XX, Masataka Taketsuru — padre del whisky en Japón— buscó un lugar en su país natal donde poder replicar las condiciones de Escocia con el objetivo de producir auténtico whisky escocés.
Lo encontró aquí.
Así nació Nikka Whisky Yoichi Distillery, una destilería que sigue trabajando con métodos tradicionales y que es mundialmente conocida por ser la última destilería en Japón —y una de las pocas en el mundo— que utiliza carbón natural para calentar sus alambiques.
Visitar la destilería no te da solo la oportunidad de hacer una cata de tres de sus productos, sino que te ayuda a entender cómo una decisión basada en el clima puede definir el carácter de un producto durante décadas. El recorrido por las instalaciones históricas, el museo y la posibilidad de probar whiskies con crianza prolongada —incluyendo expresiones más limitadas— convierten la visita en una experiencia completa.
Menos visible que el whisky, pero igual de importante en la región, es el vino. Tanto en Yoichi como en la cercana Niki —un pequeño pueblo más hacia el interior, rodeado de montañas— se lleva construyendo esa identidad desde los años 70, cuando se fundó Yoichi Winery, la primera de la zona. Aquí, el vino no se entiende como grandes producciones, sino como proyectos pequeños muy ligados al entorno. En la región han ido surgiendo bodegas como Le Reve Winery, Occi Gabi Winery o Niki Hills Winery, cada una con su estilo, pero con un punto en común: trabajar bien el clima frío y dejar que el entorno marque el carácter del vino.
El resultado son vinos frescos, limpios y bastante expresivos, donde destacan sobre todo los blancos —como el Kerner o el Chardonnay— pero donde también hay espacio para tintos más estructurados. Más que una región homogénea, es un conjunto de proyectos con personalidad propia, que poco a poco están construyendo algo interesante.
No es una región de moda. Es una región que lleva décadas construyendo su identidad.
Y si el clima define el producto, la cocina es donde todo cobra sentido y es donde Yoichi sorprende de verdad. El producto local no se replica, se interpreta. Lugares como Bonbori, centrado en ramen, muestran un enfoque poco habitual, con una ejecución precisa y una sensibilidad que recuerda a propuestas más técnicas como Le Musée en Sapporo, donde el plato se cuida casi como una pieza visual, como un lienzo.
Esa conexión con el entorno también aparece en propuestas más informales pero igual de representativas, como la hamburguesería Ebijin, donde la carne de venado se integra con total naturalidad en su variado menú, o en el restaurante NiquisMiquis, que traslada lo mejor de la cocina vasca a este entorno rural trabajando con ingredientes locales como el cerdo Kitajima o el marisco de la zona.
Diferentes estilos, pero una misma lógica: cocinar con lo que el lugar ofrece.
Lo que hace especial a Yoichi no es un elemento aislado. Es la combinación de varios factores: un clima que marca el tipo de producto, una historia que se ha desarrollado de forma natural, productores pequeños con identidad propia y una cocina que no se limita a ejecutar, sino que interpreta todo ese contexto. Todo, además, en una escala muy manejable.
Cuando llevo clientes a Yoichi, no intento solo que visiten una destilería o prueben un vino.
Intento que entiendan por qué todo eso está aquí.
Y ahí es cuando deja de ser una excursión más.